ForeverMissed
Her Life

Thoughts of a son - Pesamientos de un hijo. (Español abajo)

On behalf of my siblings Dennis, Gwen, and Lucinda, thank you for your prayers, sympathy and love.

Mother was mostly just Mom to me. She cared for and nurtured me and in later years I helped care for her. Occasionally we would share time together in ministry, but mostly just had a loving mother-son relationship. She cared deeply for her family.

After her passing, I thought of the bookends of her life. She was born and died on same farm; Until becoming a teenager, she walked to her one-room school. She grew up in the same church where she is now buried with many relatives.
Mom started out as the dairy- and strawberry-farm wife and mother that everyone expected.

Something happened.

From then on, she lived a surprising, effective life that touched hundreds and, indirectly, thousands of lives, helped churches to spring up in Baja and the most remote mountain villages of the Cora that she so loved, and kept up lifelong friendships with a singular sense of purpose.

I pondered how Mom, at age 23, my Dad Cecil, at age 24, and their two young children could leave the life they knew, and had secured for the family, for an unknown foreign land.

I started making a list of the minimum characteristics they had to have:
• Love for God
• Love for people
• Desire to put faith in action
• Vision
• Adventurous spirit
• Ability to endure rejection:
• Steadfastness
• Willingness to go without knowing the language

As I added to this inconclusive list, faster and faster, I had to pause and admit to myself it was extremely improbable for a farm girl with her smart, yet high school drop-out husband to come up with such an ambitious plan.

If I were to look objectively at their departure in 1955 from Oregon, headed to Mexico without the financial backing of their church, I would probably agree with some of their friends and relatives. “They will go bust and come whimpering back in six months, maximum”.

I would also agree with the Mennonite Mission Board. To paraphrase: “We have decided to decline your request for assistance and to partner with us. You are too young. Go to seminary for three years. Attend language school. Only then will we reconsider your request.”

There could be just one reason. One reason only:

Love the Lord their God with ALL their heart, ALL their soul and ALL their mind!

The rest would simply overflow in their life.

Love of people?
Of course!
If Mom had God in her heart, she would love people.

Put God’s love into action?
Of course!
There was no way to contain it without God’s love overflowing into everything she did.

Love adventure?
Of course!
Taking the Good News didn’t need to be scary nor boring. Anybody who knew mother, knew she was energized by talking about her Savior.

Endure rejection?
Of course!
How else to prove her trust in God and not in man?

Endure hardship?
Living in a stick-and-mud hut, or trudging up a mountain to a new village wasn’t hardship at all. What a privilege!

As I pondered my mother’s ministry, I couldn’t come up with any fantastic days that were real turning points in her ministry. She wasn’t a great public speaker. When singing, she struggled to stay in tune. What she did do, day-in and day-out, all of her life was to seek and help people in need and talk about her Jesus to everybody she came in contact with.

It was contagious.

Mother was not perfect, nor are any of us. When she wrote her story of the first 50 years in Mexico, she named the book His Treasure in Earthen Vessels. At first I didn’t care for the title. It wasn’t very splashy. Then I began to understand what she had heard over and over: our excuse not to minister the gospel because we aren’t perfect in every way.

She understood that, even in our human frailty, we are to share God’s love.

Mother's life on earth was like a vapor.

In not to many decades, Evelyn Faye will be forgotten. The only visual evidence that she was ever on this earth will be a headstone and a few books collecting dust. That’s ok and doesn’t matter.

What matters is that Faye shared God’s love and the good news of Jesus Christ that affected people’s lives for eternity.

I love you Mother. Ricardo
                                                                                                                                    español
De parte de mis hermanos Dennis, Gwen y Lucinda, gracias por sus oraciones, simpatía y amor.
Para mí, mi madre era principalmente sólo mamá. Ella me cuidó y en años posteriores yo ayudé a cuidar de ella. De vez en cuando compartíamos tiempo juntos en el ministerio, pero sobre todo teníamos una relación amorosa madre-hijo. Ella se preocupaba profundamente por su familia.

Después de su muerte, pensé en los sujetalibros de su vida. Ella nació y murió en el mismo rancho; Hasta que se convirtió en adolescente, caminó hasta su escuela de una sola aula. Creció en la misma iglesia donde ahora está sepultada con muchos de sus parientes.
Mi mamá empezó como la esposa de un ranchero en una granja lechera y cultivo de fresas y una madre que todos esperaban.

Algo pasó.

A partir de entonces, vivió una vida sorprendente y efectiva, que conmovió a cientos e, indirectamente, a miles de vidas, ayudando a que surgieran iglesias en Baja y los pueblos Coras más remotos de la sierra que tanto amaba, y mantuvo amistades de por vida con un singular sentido de propósito.

Reflexioné sobre cómo mamá, a los 23 años, mi papá Cecilio, a los 24, y sus dos hijos pequeños pudieron dejar la vida que conocían y que habían asegurado para la familia por una tierra desconocida.
Empecé a hacer una lista de las características mínimas que debían tener:
• Amor por Dios
• Amor por la gente
• Deseo de poner la fe en acción
• Vision
• Espiritu aventurero
• Capacidad para soportar el rechazo:
• Firmeza
• Voluntad de ir sin conocer el idioma

A medida que agregué a esta lista inconclusa, cada vez más rápido, tuve que hacer una pausa y admitir que era exageradamente improbable que una campesina con un esposo inteligente, pero que había abandonado la escuela preparatoria, presentara un plan tan ambicioso.

Si tuviera que ver objetivamente su partida en 1955 de Oregón, rumbo a México sin el respaldo financiero de su iglesia, probablemente estaría de acuerdo con algunos de sus amigos y familiares. "Se arruinarán y volverán a casa en seis meses, como máximo".

También estaría de acuerdo con la Mesa Directiva de Misiones Menonitas. Parafraseando: “Hemos decidido rechazar su solicitud de respaldo y que se se asocien con nosotros. Son demasiado jóvenes. Vayan al Instituto Bíblico por tres años, y asistan a la escuela de idiomas. Solo entonces reconsideraremos su solicitud. "

Pudiera haber solo una razón. Una sola razón:

¡Amo al Señor su Dios con TODO su corazón, TODA su alma y TODA su mente!

El resto simplemente se desbordaría en su vida.

¿Amor por la gente?
¡Por supuesto!
Si mamá tuviera a Dios en su corazón, amaría a la gente.

¿Poner el amor de Dios en acción?
¡Por supuesto!
No había forma de contenerlo sin que el amor de Dios se desbordara en todo lo que hacía.

¿Amaba la aventura?                                                                                                                                                                                                                               ¡Por supuesto!                                                                                                                            El llevar las Buenas Nuevas no deberia ser con temor o ser aburrido. Cualquiera que conociera a mi madre sabía que estaba llena de energía al hablar de su Salvador.
¿Soportar el rechazo?
¡Por supuesto!
¿De qué otra manera demostraría su confianza en Dios y no en el hombre?

¿Soportar las dificultades?
Vivir en una choza hecha de palos con barro, o caminar con dificultad por la sierra hasta un nuevo pueblo no fue difícil en absoluto. ¡Qué privilegio!

Mientras meditaba sobre el ministerio de mi madre, no podía pensar en días fantásticos que fueran momentos cruciales en su ministerio. Ella no era una gran oradora pública. Cuando cantaba, con dificultad se mantenia afinada. Lo que hizo, día tras día, toda su vida fue buscar y ayudar a las personas necesitadas y hablarles de Jesús con cuanta persona tuvo contacto.

Fue contagioso.

Mi madre no era perfecta, ni ninguno de nosotros lo somos. Cuando escribió su historia de los primeros 50 años en México, titulo el libro, Tesoro en Vasos de Barro. Al principio no me gustó el título. No era muy llamativo. Entonces comencé a entender lo que ella había escuchado una y otra vez: nuestra excusa para no ministrar el evangelio debido a que no somos perfectos en todos los sentidos.

Ella entendió que, incluso en nuestra fragilidad humana, debemos compartir el amor de Dios.

La vida de mi madre en la tierra fue como un vapor.

En unas décadas más, La Hermana Fe será olvidada. La única evidencia visual de que ella estuvo alguna vez en esta tierra será una lápida y algunos libros acumulando polvo. Eso está bien y no importa.

Lo que importa es que La Hermana Fe compartió el amor de Dios y las buenas nuevas de Jesucristo que afectaron las vidas de las personas por la eternidad.

Te amo madre, Ricardo 

Mi alabanza por la palabra de Dios y por su presencia que han bendecido mi vida

español
Escrito por la Hna. Fe

Dios me bendijo con unos buenos padres cristianos, otros dos hermanos y una hermana.  Nací en el estado de Oregon.  Si todo va bien, también es donde seré sepultada.  Mis primeros recuerdos de querer conocer a Dios fue cuando les pregunte a mis padres si Dios era tan grande como el árbol de álamo junto a nuestra casa.

Desde que recuerdo nuestro papá nos tomaba a Ray, a mi hermano mayor de dos años y a mí en sus piernas y nos leía historias Bíblicas todas las noches antes de acostarnos en la noche!  Cuando llegaba al final del libro nos dejaba que escogiéramos la historia favorita de la Biblia. Zion Mennonita era nuestra iglesia local, tenia enseñanzas organizadas para todas las edades y el programa de adolescentes los domingos en la noches me motivaban a leer la Biblia por completo a la edad de doce años.

Recibí a Cristo como mi salvador a los 10 años, y cuando tenía 11 años
una misionera en la India, habló en nuestra iglesia. El sábado, mientras barría los escalones de nuestra casa pensaba en ella, dejé mi escoba y fui al comienzo de la escalones y mirando por la ventana, hablé con Dios diciendo que estaba dispuesta a ser misionera en la India o donde él quisiera que fuera.

Tenía mucho que aprender y crecer, pero 12 años después, mi esposo Cecilio Byers y yo nos fuimos por fe a México con nuestros dos hijos pequeños. Hoy no voy a contar toda la historia de nuestro trabajo misionero en México, pero contaré algunos de los incidentes que jugaron una parte de mi aprendizaje de conocer mejor a Dios a través de su palabra y su presencia con nosotros.

Fue mientras estábamos sirviendo en la misión de la lglesia Zion en los cerros de Oregon, que Dios nos habló a través de George Brunk, así como de otros ministros que eran de Oregon, Joe Kropf y Max Yoder, sobre el Espíritu Santo. Teníamos hambre de más de Dios y estábamos abiertos y lo buscamos. Recibimos nueva vida y fe y la Biblia se nos abrió y nos desafió a dejar todo y seguir a Jesús y él nos enseñaría a ser pescadores de hombres y nos usaría para dar mucho fruto.

La familia de Mark Emmert fue con Cecilio, conmigo y nuestros dos hijos pequeños a México en el otoño de 1955.  A pesar de que la junta de Misiones del Pacífico no estaba lista para enviarnos, la presencia de Dios fue con nosotros. El camino de 1300 kilómetros a través del desierto de Baja California nos tomó 15 días, y a veces nos quedamos atascados en la arena, pero él puso una canción en nuestros corazones. Por la noche instalamos nuestros catres y dormimos bajo el cielo estrellado. Nos habló de su poder y gloria.

Cuando llegamos a nuestro destino, nos dio amor por las personas con las que nos encontramos. Ya habíamos decidido que viviríamos como la gente que llegaba de todo el interior de México y vivía allí en el desierto y sembraba algodón. Nos dieron permiso para construir una casa de palos cerca de un pozo de riego. Esto fue junto a la carretera. Durante cuatro meses fue maravilloso, nos bañamos en la zanja de riego y lavamos nuestra ropa en un lavadero y rociamos nuestros pisos de tierra con agua. Pero luego el Señor Lares llegó temprano el lunes 13 de febrero de 1956, para decirnos que nos daba 10 días para mudarnos, porque la gente empezaba a llamarlo Aleluya. Cecilio le agradeció y en una hora estaba derribando nuestra casa. Había aprendido una canción en español y comencé a cantarla "No puede el mundo ser mi hogar". Nuestro hijo de 4 años, en estos cuatro meses había aprendido español lo suficientemente bien como para entenderlo y me dijo “mamá, ¿a dónde nos mudamos? ¿al cielo?"

El hermano del Señor Pancho Lares, ya nos había escuchado hablar acerca de Jesús y había aceptado al Señor, así que nos invitó a trasladar nuestra choza de palos a su propiedad 8 kilómetros en el desierto, aunque ni siquiera tenía una bomba de agua. Dijo que en su casa tendríamos libertad para orar y cantar.

Como Pancho no sabía escribir, un día me pidió que le ayudara a escribirle una carta a su esposa Anita en Guadalajara, a quien había dejado 15 años atrás. Cuando la dejó, estaba embarazada, ahora esta niña tenía 14 años y él nunca la había visto. En la carta le pedía perdón a Anita y le decía que ahora era cristiano y que quería ser bautizado. 

Él le dijo que estaba dispuesto a enviarle dinero para que viniera si ella quería. Ella vino y su hija Alicia, qué alegría verlos reunidos y para él ver a su hija por primera vez. Fue bautizada cuatro meses después en su cumpleaños número 15. Varios años después se casó con Miguel, un joven vecino que había aceptado al Señor. Esta hija tiene ahora 74 años. Ella y su esposo han levantado una iglesia y han ganado muchas almas para el Señor. Esta es sólo una de esas familias que Dios nos dio hace casi 60 años. 

En los primeros 6 meses que estuvimos en México, aproximadamente 6 meses después de nuestra llegada, la familia Emmert decidió regresar a Oregon, debido a problemas de salud que estaban teniendo.  Ahora aquí estábamos Cecilio y yo, y nuestros dos pequeños solos. En esos días no había teléfonos, Cecilio y yo nos turnábamos para cuidar a los niños en la casa mientras el otro iba al monte a orar y clamar a Dios por su sabiduría. Nos hizo saber que estaba con nosotros y puso una firme decisión en nuestro corazón de continuar. Su palabra nos consoló y suplió todas nuestras necesidades. Hicimos nuestro mejor esfuerzo, pero por supuesto, echamos de menos la ayuda de los Emmert.

Durante los días visitamos los ranchos y en su mayoría encontramos mujeres en las casas con los maridos en los campos de algodón trabajando, pero regresaban por la noche y hacíamos una fogata donde la gente se reunía para escucharnos tocar discos del evangelio en español, cantando y leyendo la Biblia, casi nadie había visto una Biblia.

Un día, cuando pasábamos por delante de una granja que vendía sandías, nos detuvimos a comprar una y le dimos al granjero un folleto del evangelio. Un hombre que estaba de visita dijo: “Quería conocerlos para decirles que si estuvieran construyendo una iglesia católica, los ayudaría, pero como es una iglesia de Aleluyas, los sacaré de México. Esa noche clamé en oración ante Dios, “Oh Dios, no dejes que nos echen. "

No fue hasta casi 6 meses después que volvimos a saber de este hombre, cuando vino con aproximadamente otros 30 hombres para acosarnos en nuestra nueva iglesia de adobe. Su plan era matarnos o echarnos fuera del país. Gritaron al unísono

"Maten a los americanos, viva la virgen de Guadalupe".  Sacudieron a mi esposo de lado a lado y rompieron su Biblia en pedazos. La mayoría de los nuevos creyentes salieron y nadie luchó con ellos. La turba se fue gritando y tirando páginas de la Biblia por las calles. Cerramos las puertas del templo y los pocos de nosotros que quedamos citamos las escrituras de que no debemos temer a aquéllos que podrían matar nuestros cuerpos (Lucas 12; 4), luego oramos y nos fuimos sin saber si nos seguirían a nuestras casas.

Era el momento de nuestra tercera renovación de 6 meses de turistas en la frontera de San Diego, pero continuamos hasta llegar a Oregon, allí Oscar Wideman, un agente de tractores de John Deer, nos preguntó si íbamos a regresar a México. Cecilio dijo que sí y Oscar le preguntó qué era lo que necesitábamos, y Cecilio respondió "Una avioneta”. No hay tiempo para todos los detalles, pero en 6 semanas estábamos volando una avioneta  de regreso a Mexico! Un Club de 5 hombres menonitas habían donado esta avioneta que compraron al misionero Lindford Hackman de Canadá.

Los funcionarios de inmigración de La Paz se habían enterado del acoso en el valle y habían ido a vernos. Desde que estábamos en Oregon, dejó un mensaje en nuestra casa para que fuéramos a su oficina en La Paz. No hay tiempo para más detalles pero nos dijo que ya no podíamos vivir en el valle porque sólo teníamos permisos de turista. Que necesitábamos vivir en La Paz en hoteles, etc. Le explicamos que habíamos solicitado inmigrarnos y que estaba en curso en la Ciudad de México. Nos dijo que saliéramos del país hasta que esto terminara o viviéramos como un turista. Fuimos a sentarnos al parque a pensar y orar. Teníamos muy poco dinero para actuar. 

No podíamos pagar para vivir en hoteles. Cecilio, tuvo la idea de que voláramos en el avioneta a la Ciudad de México hasta la oficina central de Inmigración para explicar lo que nos dijeron en La Paz, así como para contarles sobre el  acoso liderado por el sacerdote católico. La avioneta no tenía brújula, ni radio, pero Cecilio dijo que si salíamos temprano en la mañana con el sol en el este directamente frente a nosotros, nos serviría en lugar de una brújula para poder cruzar las 90 millas de agua, por lo que no perdería nuestra dirección. Dos días después nos marchamos y cruzamos el golfo. No teníamos un mapa aéreo, sino sólo mapas de automóviles, por lo que vigilamos cuidadosamente las carreteras y las vías del tren. Sentimos su presencia con nosotros durante todo el viaje.

Dos semanas después Cecilio recibió un telegrama con la buena noticia de ir a la frontera de California a recoger su visa de inmigración. No era poca cosa lo que Dios había provisto y todas las oficinas del gobierno en Baja California Sur recibieron copias de sus papeles de inmigración. No sólo esto, sino que fue el sacerdote católico quien tuvo que irse por un tiempo debido a que involucró a su gente en el episodio de la mafia. ¿Puedes ver cómo fue Dios con nosotros?

¡Ahora estábamos libres con una avióneta y papeles para trabajar legalmente en México!
Durante estos años fuimos bendecidos con dos hijos más, Ricardo nació en 1958 y Lucinda en 1959. En los siguientes 11 años Cecil registró 4,000 horas de vuelo, ya que volamos a las misiones en Baja California, así como los metros, en tierra firme donde llegamos a la tribu indígena Cora. Sentimos la presencia del Señor con nosotros en los peligros de la persecución católica en varios pueblos, así como en los problemas de la avioneta. La cantidad de personas que se convirtieron fue más de lo que podríamos haber imaginado. ¡Qué agradecidos estábamos!

En 1965, Cecilio comenzó a fumigar cultivos agrícolas en los Estados Unidos durante 
3 meses al año para mantener a nuestra familia. En su sexto año haciendo esto, murió en un accidente en Phoenix, Arizona. Dios nos fortaleció a los niños y a mí y nunca preguntamos “¿Por qué?”. Ya habíamos aprendido a conocer a Dios de tal manera que no lo cuestionaríamos. Incluso agradecimos a Dios que, si éste era su momento de irse, lo llevó mientras trabajaba porque recibiríamos una compensación mensual de trabajador. Tuvo un pequeño accidente un mes antes en su motocicleta y si lo hubieran matado no hubiéramos tenido ningún tipo de ingreso.

En todo esto, por supuesto, estábamos muy tristes y una noche mientras dormía a eso de las 4:00 am, escuché que me llamaban por mi nombre. Me senté y dije “¿Qué?” Entonces supe que era el Señor quien me había despertado para levantarme a orar. Pero estaba tan cansada que dije: "Ni siquiera puedo levantar la cabeza", pero me levanté, tomé mi Biblia y me arrodillé junto al sofá. Como abrí en los Salmos, las primeras palabras que miré "Soy un escudo a tu alrededor y el que levanta tu cabeza", grité en voz alta "Señor, me escuchaste”! Me quedé allí en Phoenix dos períodos escolares con nuestros cuatro hijos en la escuela.

Asistíamos a la iglesia People’s Church y durante la semana de Pascua me pidieron que hablara sobre uno de los últimos dichos de Jesús en la cruz. Elegí el dicho “Consumado es” pensando que quizá era el más fácil de hablar. Sabía que él había provisto la salvación y pensé que estaría hablando de eso, pero al leer y releer los evangelios, miré claramente que lo que había terminado era la "voluntad del Padre". 

El Padre había querido que muriera por nuestros pecados. e incluso en esa dura tarea, había terminado. Una urgencia mayor parecía llenarme en todos los sentidos que deseaba cumplir la voluntad de nuestro Padre celestial. Empecé a hacer una lista de lo que es la voluntad de Dios. Escribí, "Gozarme en todo momento" y Amar a Dios con todas mis fuerzas. No fui muy lejos hasta que me di cuenta de que no necesitaba hacer una lista porque la Biblia era toda la voluntad de Dios.

Cuando los dos mayores, Dennis y Gwen se graduaron de la preparatoria Phoenix Christian High, comencé a decirle al Señor que estaba dispuesta a regresar a México con Ricardo y Lucinda si esa era Su voluntad. Escuché que alguien había dicho que pensaban que no debería regresar,  sino que debería quedarme con mis hijos. Tenía una gran carga por las almas en México, pero necesitaba conocer la voluntad de Dios. Varios ministros me animaban a ir, así que comencé a prepararme. Estaba leyendo la Biblia de nuevo y cuando llegué al libro de Rut encontré mi respuesta. En el segundo capítulo del libro de Rut, el versículo uno, Rut le dijo a Neomi:

“Déjame ir a los campos y recoger y espigar”. Sabía que Ruth era viuda y que iba a los campos y luego miré que iba a espigar. Dije: "Sí Señor, estoy dispuesta a espigar". Sabía que era cuando seguías a los recolectores y recogías las sobras. Mi mamá y yo habíamos hecho eso detrás de las cosechadoras de chicharos. Inmediatamente supe que esto sería trabajar con niños y jóvenes porque esa era la necesidad en La Paz. Luego leí más y me di cuenta de que cuando Booz llegó al campo y la notó. Él les dijo a los cosechadores que deberían permitir que cayera más grano para ella e incluso la invitó a venir a comer. Ella preguntó: “¿Por qué he encontrado gracia ante tus ojos?” “Me dije a mí misma; ¿quién es Booz? Entonces comprendí que él era el dueño de la cosecha. Le pedí perdón a Dios porque estaba tratando de encontrar el favor de los otros trabajadores. Desde entonces supe que era más importante encontrar el favor de Dios, el dueño de la cosecha, que de los demás trabajadores. Esto me trajo verdadera paz.

Sabía que no podía hacer sola lo que Cecilio y yo habíamos estado haciendo anteriormente. Entonces durante los siguientes 7 años organicé campamentos para niños y jóvenes en nuestra base de misiónes. Los trajimos del Valle a 235 kilometros de distancia, donde trabajamos primero y los reunimos en el área de La Paz. Otros vinieron en los transbordadores desde el interior de Mexico. Algunos de estos cientos de camperos que estaban en esos campamentos ahora son pastores. Dios dirigió mientras escribía las lecciones, dirigió y proporcionó obreros, proporcionó alimentos y todo lo que necesitábamos. ¿Nos atrevemos a tomar el crédito?

A través de los años había aprendido a confiar en Proverbios 4; 20-22 donde él dijo que su palabra es medicina a toda nuestra carne. Había aprendido que el gozo del Señor es mi fuerza. Había aprendido que mi vida no es más que un vapor y que siempre debería decir. ”Si Dios quiere". En cuestión de segundos, podría haber sido yo quien se hubiera quemado en lugar de Wilma, cuando se encendió nuestra casita. También había aprendido dónde encontrar la sabiduría y esa sabiduría es saber cómo proceder en cada ocasión. Le agradezco por avivarme su palabra!

Últimas palabras. Ya sea en mi lectura diaria de su palabra o en una situación no común, en la que él habla o simplemente sabiendo de su presencia diaria, he sido bendecida! Alabo al Señor con todo mi corazón y todavía estoy emocionada por lo que él tiene que decirme incluso en mi vejez.

My Praise for God’s Word and for His Presence that have Blessed my Life

Written by Faye

God blessed me with good Christian parents a twin brother, two other brothers and a sister.
I was born in the state of Oregon. If all goes well that is also where I will be buried. My first remembrance of wanting to know God was when I asked my parents if God was as big as the cottonwood tree next to our house.

As far back as I can remember our papa held Ray and I and my brother two years older on his lap and read to us from Hurlbut’s large volume of the story of the Bible, nightly before we went to bed. When he reached the end of the book he gave us turns to choose him repeating the story we like the best. Our home church, Zion Mennonite, had well organized teaching for all ages and the adolescent Sunday evening program motivated me to read the whole Bible by the age of 12.

I received Christ as my Saviour by the age of 10 and when I was 11 I heard Gladys Weaver, a missionary from India, speak at our church. On Saturday as I was sweeping our stairway and thinking about her I laid my broom down and went to the head of the stair way and looked out the window and talked to God saying that I was willing to be a missionary in India or where ever He wanted me to go.

I had a lot of learning and growing up to do but it was only 12 years later that my husband Cecil Byers and I left by faith to Mexico with our two small children. Today I am not going to be telling the whole story of our mission work in Mexico but will tell some of incidents that played a part of my learning to know God better through his word and through His presence with us.

It was while we were serving in Zion’s mission in the Mountains of Oregon, that God spoke to us about the Holy Spirit through George Brunk, Joe Kropf, and Max Yoder, . We were hungry for more of God and were open and we sought Him. We received new life and faith and the Bible opened to us and challenged us to leave all and follow Jesus and He would teach us to be fishers of men and use us to bare much fruit.

The Mark Emmer family left with Cecil and I and our two small children to Mexico in the fall of 1955, even though the Pacific mission board was not ready to send us. God’s presence went with us. The 800 mile trail through the dessert of Baja California took us 15 days and we sometimes got stuck in the sand. He put a song in our hearts.  At night we set up our cots and slept under the starry skies. He spoke to us of His power and glory.

When we reached our destination, He gave us love for the people that we encountered. We had already decided we would live like the people who were arriving from all over the mainland of Mexico who were homesteading  in the dessert to plant cotton. We were given permission to build a stick house near an irrigation well close to the highway. For four months this was wonderful!  We bathed in the irrigation ditch, washed our clothes on a scrub board, and sprinkled our dirt floors down with water.  Mr. Larez came early Monday morning Feb 13, 1956 to tell us that he would give us 10 days to move, because people were starting to call him a Hallelujah. Cecil thanked him and within an hour was tearing down our house. I had learned a song in Spanish and started to singing  "I cannot make this world my home”.  Our 4 year old son during these four months had learned Spanish well enough to understand and he said to me “mama where are we moving to, to Heaven?”.

Mr. Larez’s brother, Pancho, had by this time heard us tell about Jesus and he had accepted the Lord.  He invited us to move our stick shack to his property 8 kilometers back into the dessert though he didn’t even have a water pump. He said at his place we would have freedom to pray and sing.

Since Pancho did not know how to write ,one day he asked me to help him write a letter to his wife Anita in Guadalajara, whom he had left 15 years previously. When he had left her she was pregnant. Now this girl was 14 and he had never seen her. In the letter he asked Anita’s forgiveness and told her that he was now a Christian and wanted to be baptized. He told her that he was willing to send her money to come if she wanted to. She came and his daughter Alicia what a joy to see them reunited and for him to see his daughter for the first time. She was baptized four months later on her 15th birthday. Several years later she was married to a Miguel a young neighbor that had accepted the Lord. This daughter is now 74 years old. Her and her husband have raised a church and have won many souls to the Lord. This is just one of those families that God gave us nearly 60 years ago in the first 6 months that we were in Mexico.

About 6 months after our arrival the Emmert family decided to return to Oregon because of health problems they were having. Now here were Cecil and I and our two little ones alone. There were no telephones in those days. Cecil and I would take turns taking care of the children in the house while the other would go to the dessert to pray and call out to God for His wisdom. He made us to know that He was with us and he put a firm decision in our hearts to continue on. His word comforted us and he supplied all of our needs. We did our best, but of course we missed the Emmert’s help.

During the days we visited the ranches and mostly found women in the houses with the husbands in the cotton fields working but they returned in the evenings and we would make a bonfire where people would gather to hear us play records of Spanish gospel singing and read the Bible. Hardly anyone had ever seen a Bible.

One day when we were driving past a farm that was selling watermelons we stopped to buy one and gave the farmer a gospel tract. A man that was visiting there said ”I have been wanting to meet you folks to tell you that if you were building a Catholic church I would help you but since it is a Hallelujah church I am going to run you out of Mexico. That night I cried out in prayer before God  Oh God! don’t let them run us out”.

It wasn’t until almost 6 months later that we heard anymore of this man, when he came with approximately 30 other men to mob us in our new adobe church house. Their plan was to kill us or to scare us out of the country. They shouted in one voice  “Kill the Americans! Long live the virgen Guadalupe”! They jerked my husband from side to side and tore his Bible in pieces. Most of the new believers went outside and no one fought with them. The mob left screaming and throwing pages of the Bible along the streets. We closed the church doors and the few of us remaining quoted scripture that we should not fear those who could kill our bodies Luke12:4, then prayed and went to our homes not knowing if they would follow us to our homes.

It was time for our third 6 month’s renewal at the San Diego border but we went on past on up to Oregon.  Oscar Wideman, a Mennonite John Deer tractor agent, asked us if we were going to return to Mexico. Cecil said that we were. Oscar asked him what we needed and Cecil answered “An Airplane”.  No time for all the details but within 6 weeks we were flying a little Piper Super Cruiser back to Mexico!    A Mennonite airplane club of 5 men, donated this plane they had purchased from missionary Lindford Hackman in Canada.

The immigration officials in La Paz had heard about the mobbing in the valley and had gone to see us. Since we were in Oregon he left word at our house for us to go in to his office in La Paz. No time for details but he told us that we could no longer live in the valley because we only had tourist permits. That we needed to live in La Paz in hotels, in resorts etc. We explained that we had applied for immigration and that it was in progress in Mexico City. He told us to either leave the country until this was finished or live like a tourist. We went to sit down in the park and think and pray. We had very little money to and could not pay to live in hotels.

Cecil got the idea we would fly the little plane to Mexico city to the head office of Immigration to explain what they told us in La Paz as well as to tell them of the mobbing led by the Catholic priest. The plane had no compass or radio but Cecil said if we left early in the morning with the Sun in the East directly in front of us, it would serve us in place of a compass to be able to cross the 90 miles of water and not loose our direction. Two days later we did leave and crossed the gulf. We did not have an aerial map but only car maps so we carefully watched for roads and railroad tracks. We sensed His presence with us the whole trip.

Two weeks later Cecil received a telegram with the good news to go to the California border to pick up his immigration visa. It was no small thing that God had supplied. All the government offices in Baja were sent copies of His immigration papers. Not only this, but it was the Catholic priest who had to leave for a time because of his involving his people in the mob episode. Can you see how God was with us?

Now we were free with an airplane and papers to legally work in Mexico!

During these years we had been blessed with two more children. Ricardo was born in 1958 and Cindy was born in 1959. In the next 11 years Cecil logged 4,000 hours flying, as we flew to the missions in Baja Calif as well as to the mountains on the main land where we reached the Cora Indian tribe. We felt the presence of the Lord with us in the dangers of Catholic persecution in various villages as well as in plane problems. The many people that were converted was more than we could have ever imagined. How thankful we were!

In 1965 Cecil started to do some agriculture crop dusting in the USA  three months a year to support our family. On his 6th year doing this, he was killed in an accident in Phoenix, Arizona. God strengthened the children and me and we never asked “Why?” We had by now learned to know God in such a way that we would not question Him. We even thanked God that if this was his time to go, that He took him while he was working because we would receive monthly workman’s compensation. He had a small accident one month previously on his motorcycle and if he would have been killed, we would not have had any kind of income.

In all of this, of course we were very sad. One night while I was sleeping at about 4:00 Am,
I heard my name called. I sat up in bed and said “What”. I knew that it was the Lord who had awakened me to get up to pray. But I was so tired that I said “I can’t even lift my head”.  I did get up and took my Bible and knelt by the sofa. As I opened to the Psalms, the first words I saw said ”I am a shield around you and the lifter of your head”. I shouted out loud  “Lord you heard me”! I stayed  in Phoenix two school terms with all four of our children in school. 

We were attending People’s church and I was asked during Easter week to speak on one of the last sayings of Jesus on the cross. I chose the saying “It is finished” thinking that was maybe the easiest one to talk about. I knew he had provided Salvation and I thought I would be talking about that but as I read and reread the gospels I saw clearly that what He had finished was the “Will of the Father”. The Father had willed that He die for our sins and even in that hard task, He had finished.

A greater urgency seemed to fill me in everyway I wanted to fulfill the will of our heavenly Father. I started to make a list what is God’s will. I wrote down, ”To rejoice at all times, to Love God with all my might". I didn’t go very far until I realized I didn’t need to make a list because the Bible was the whole will of God. When the two oldest, Dennis and Gwen graduated from Phoenix Christian High I started to tell the Lord that I was willing to return to Mexico with Rick and Cindy if that was His will, I had heard that someone had said that they thought that I shouldn’t go back but to stay with my children. I  had a great burden for souls in Mexico but I needed to know God’s will. Several ministers were encouraging me to go so I was starting to prepare. I was reading the Bible through again and when I reached the book of Ruth I found my answer. In the second chapter of the book of Ruth, verse one Ruth said to Neomi --  “Let me go to the fields and gather and glean.” I knew that Ruth was a widow and she was going to the fields and then I saw that she was going to glean. I said, ”Yes Lord I am willing to glean”.
I knew that was when you follow the harvesters and pick up the left overs. Mama and I had done that behind the pea harvesters. I immediately knew that this would be working with children and youth because that was the need in La Paz. And then I read further and noticed that Booz came to the field and noticed her. He told the harvesters that they should allow extra grain to fall for her and even invited her to come and eat. She asked "Why have I found favor in your sight?  I said to my self well who is Boaz? Then I understood that he was the owner of the harvest. I asked God forgiveness because I was trying to find favor with the other workers. From then on I knew that it was more important to find favor with God, the owner of the harvest rather than with the other workers. This brought me real peace.

I knew that I could not do alone what Cecil and I had been doing previously. So for the next 7 years I organized camps for children and youth at our mission base. We brought them from the valley 147miles away, where we first worked and we gathered them from the La Paz area. Others came on the ferries from the mainland. Some of these hundreds of campers that were in those camps are now pastors. God directed as I wrote the lessons. He directed and provided workers, He provided food and all we needed. Dare we take the credit?

Through the years I had learned to trust in Proverbs 4:20-22 where he said His word is medicine to all of our flesh. I had learned that the joy of the Lord is my strength. I had learned that my life is but a vapor and that I should always say “If God wills”.  Within seconds it could have been me who burned instead of Wilma. I will do this or that. I also had learned where to find wisdom and that wisdom was knowing how to proceed in every occasion. I thank Him for quickening His Word to me.

Last words. Whether it is in my daily reading in His Word or in an unusual situation that He speaks or just knowing of His daily presence, I have been blessed. I praise Him with my whole heart and still I am excited to what He has to say to me even in my old age.



Cien Veces Más

                                                                                                                           español
Escrito por Hna Fe


"Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por Mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.”Mateo 19:29

“¿Más qué? ¿Más hermanos y hermanas, más padres y madres, más casas y tierras? ¿Cómo puede ser esto? ¿Para quién es todo esto? ¿Para aquellos que dejan todo por Su causa?”

“Señor, ¿realmente quieres decir que quieres que dejemos lo que estamos haciendo en nuestras iglesias y en nuestras comunidades para ir a un lugar desconocido? ¿Seguro que quieres que saquemos nuestros hijos de las escuelas para ir a un lugar que desconocemos y a un futuro incierto?”

Entonces el Señor contestó con la sabiduría, paciencia y amor que solamente un padre puede mostrar “tu vida es tuya y puedes vivirla como escojas. Puedes vivir de acuerdo a tus propios deseos –o vivirla de acuerdo a los Míos. Si escoges vivir a tu manera, perderás todo lo que He planeado para ti. Quiero que experimentes un gozo completo que solamente puede ser encontrado al servirme voluntariamente. No temas el futuro. Estaré contigo hasta el fin del mundo. Si dejas casas, tu tierra y tu pueblo por mi causa, te daré cien veces más y la vida eterna.”

“Te oigo, Señor, y creo que quieres lo mejor para mí, pero haz dicho que vaya a todo el mundo a hablar las Buenas Nuevas y enseñe todo lo que he aprendido. Esta es una gran comisión, No sé cómo entender otras culturas. No sé cómo entender otros idiomas. Incluso no sé dónde empezar.”

Suavemente, el Señor me contestó una vez más. “Espera por Mi Santo Espíritu. Te llenará con poder y te dará Sus dones para ser usado con el fruto del Espíritu. Te enseñará lo que debes hacer y decir. Te he dado talentos y si los usas, te los multiplicaré. Si los escondes, incluso te quitaré los que ya te he dado.”

El Señor estuvo esperando hasta oírme decir, “Sí, Señor, te seguiré.”

Cincuenta años han pasado desde que dejé nuestra sencilla casa en Silverton Hill cerca de Salem, Oregón, y les dije adiós a nuestros padres y amigos. Tomamos nuestros hijos y fuimos a un lugar desconocidoy un futuro incierto. Dejamos nuestra lengua materna. Dios y Sus promesas ya no parecen alguna estrella misteriosa lejana. Las historias en La Palabra de Dios de aquellos que dejaron todo y siguieron la dirección de Dios han sido un aliento constante y una parte vital en nuestras vidas. Los puntos desconocidos que marcaban las ciudades en los mapas de México los conocemos ahora por sus características individuales y necesidades. El idioma ahora es parte de mí.

En la bondad y misericordia de Dios, Él me ha permitido vivir y ver con mis ojos la realidad de los cientos de veces más –de hermanos y hermanas, de casas y tierras.

Hermanos y Hermanas

Pancho Lares

Pancho fue la primera persona en La Toba que en 1956 que aceptó al Señor. Había abandonado su familia quince años antes. Un día me dijo, “Faye, ¿me ayudarías a escribirle una carta a Anita en Guadalajara? Quiero pedirle perdón por haberla dejado. Mi hija Alicia ahora tiene catorce años y nunca la he visto. Si quieren venir a vivir a Baja California Sur les mandaré dinero para venir y si dicen ”no” al menos trataré de hacer las cosas bien porque quiero ser bautizado.” No solo escribí la carta pero también le leí la carta de contestación. “Pancho, he recibido tu carta y, sí, Alicia y yo queremos reunirnos contigo en Baja California Sur si aceptas a Luz, mi hija de ocho años de edad.” Fuimos testigos cuando la familia se reunióy como Alicia se encontró con su padre por primera vez. Pancho se bautizó y Alicia y su madre lo hicieron poco después. Ellos, así como sus muchos descendientes, han llegado a ser mis hermanos y hermanas.

Elpidio Martínez

Elpidio, un viudo que practicaba la magia negra y jugaba con víboras de cascabel, llegó a ser nuestro hermano. Cristo le hizo libre del pacto que había hecho con el demonio. Fue fiel hasta la muerte.

Eusebio Ceferino

Eusebio fue el primer nativo cora en ser convertido en 1962. Se hizo parte de la familia y grabó muchos mensajes en su dialecto que han sido oídos en muchas áreas de la Sierra. El Señor le ha llevado a su hogar eterno, pero la palabra que ayudó a plantar sigue trayendo a muchos otros al Reino.

Chico Hernández

Chico se convirtió hace treinta años en nuestras reuniones de jóvenes. Ahora pastorea una iglesia que él mismo fundó. Su talento musical y en el canto ministra a muchos de maneras espontáneas. Es un hijo agradecido.

Femita Torres

Femita era una joven sencilla de la Sierra que portaba una pistola cuando pastoreaba el ganado de su padre. Después de su conversión, ella llevaba tratados evangélicos consigo y los repartía con la gente que se encontraba en la vereda cuando hacía el viaje de tres días a lomo de mula para comprar lo necesario para la familia. Ahora hay dos iglesias establecidas como resultado. Ella es una de mis hermanas especiales.

Josefina Bañuelos

Josefina es de la misma cadena montañosa pero de doscientos cincuenta kilómetros más al sur. Como Femita viene de una familiaque cría ganado. Junto con su familia, ella se hizo cristiana. Llegó a estudiar en una Escuela Bíblica en Monterrey, México, y se casó con uno de los maestros. Juntos se mudaron a Dallas, Texas, y levantaron una iglesia de habla hispana ahí más tres misiones cerca de Monterrey.

Todos ellos son ahora mis hermanos y hermanas, solo unos pocos de los cientos que el Señor me ha dado. Como cado uno se está multiplicando al compartir el Evangelio con otros, no hay forma de enumerar el fruto que el Señor ha dado.

Pero la bendiciónno sólo son hijos e hijas espirituales. Dios nos bendijo con cuatro hijos e hijas en lo natural, yernos y nueras, nietos y tataranietos. Algunos de ellos tienen sangre mexicana corriendo por sus venas y todos son muy especiales para mí.

Casas y Tierras

La casa sencilla que dejé en 1955 es nada comparada con cientos que Dios me ha dado literalmente en el transcurso de los años desde entonces. Estas casas están en las montañas de la Sierra Madre Occidental, en la costa de Nayarit, en las ciudades de La Paz y Tepic, y en el desierto de Baja California Sur.

El Señor ha provisto de un campestre y centro de retiro en La Paz donde son bienvenidas las iglesias para renovación y donde continuamos compartiendo la Buenas Nuevas del Evangelio.

Entre todas estas casas que Dios me ha dado, me dio una casa en la granja de Oregón donde crecí. No tuvimos un plan de retiro durante nuestros años en México pero Dios lo hizo. No solo tomó cuidado de nosotros estos cincuenta años pasados, pero Dios continúa cuidándome. Además, aun hoy, tengo otro hogar en Virginia.

Las bendiciones de Dios también incluyen viajes en avión gratis, buena salud, amigos, parientes y otros interesados particulares que participan con oración y apoyos financieros para llevar el Evangelio.

Es obvio que los cientos de veces que Dios, quien prometió, lo ha cumplido abundantemente.

Gracias, gracias. Gracias, Señor



One Hundred Times More

Written by Faye

“And whoever has left houses or brothers or sisters or father or mother or children or
fields for my sake will receive a hundred times as much and will inherit eternal life.”
Matthew 19:29

“More what? More brothers and sisters, more fathers and mothers, more houses and lands? How can this be? For whom is all of this? For those that leave? For Your sake?”

“Lord, do You really mean that you want us to leave what we are already doing in our church and in our community—to go to an unknown place? Surely You wouldn’t want us to take our children away from the schools and go to some unfamiliar place to an insecure future?”

Then the Lord answered with understanding, patience, and a love that only a father can show “Your life is your own and you may live it as you choose. You may live it according to your own desires—or live it according to Mine. If you choose to live it your way, you will lose all that I planned for you. I want you to experience a complete joy that can only be found by those who serve me voluntarily. Don’t fear the future. I will be with you to the end of the world. If you leave houses and lands and your people for my sake, I will give you one hundred times more and life eternal”

“I hear you, Lord, and I believe that You want the best for me, but You have said to go into the whole world to tell the Good News and to teach all that we have been taught. That is a big assignment. I don’t know how to understand other cultures. I don’t know any other languages. I don’t even know where to begin.”

Softly, the Lord answered me once more. “Wait for My Holy Spirit. He will fill you with power and give you gifts to be used with the fruit of the Spirit. He will teach you what to do and what to say. I have given you talents and if you use them, I will multiply them. If you hide them, I will even take away that which I have given you.”

All the Lord was waiting for was to hear me say, “Yes, Lord, I will follow you.”

Fifty years have gone by since we left our simple little house in the Silverton Hills near Salem, Oregon, and said our goodbyes to our parents and friends. We did take our children and went to an unknown place and an insecure future. We left our native language. God and His promises are no longer like some mystical distant nebulae. The stories in God’s Word of those who left all and followed God’s leading have been a constant encouragement and a vital part of our lives. The unknown dots of the cities on the map of Mexico we know now by their individual characteristics and needs. The language now is a familiar part of me.

In God’s goodness and mercy, He has allowed me to live to see with my own eyes the reality of the hundred times more—of brothers and sisters of houses and lands.

Brothers and Sisters

Pancho Larez

Pancho was the first person in La Toba in 1956 to accept the Lord. He had abandoned his family fifteen years before. One day he said to me, “Faye, will you help me write a letter to Anita in Guadalajara? I want to ask my wife forgiveness for having left her. My daughter Alicia is now fourteen and I have never seen her. If they want to come and live here in Baja I will send the money to come and if they say “no” at least I have tried to make things right because I want to be baptized.” I not only wrote the letter that he sent but also read him the letter in reply “Pancho, I received your letter and, yes, Alicia and I want to come to join you in Baja if you will accept Luz, my eight year old daughter.” We watched as the family reunited and as Alicia met her father for the first time. Pancho was baptized and Alicia and her mother soon after. They, as well as their many descendants, have become my brothers and sisters.

Elpidio Martínez

Elpidio, a widower who practiced black magic and handled rattlesnakes, became our brother. Christ set him free from the covenant that he had made with the devil. He was faithful until death.

Eusevio Zeferino

Eusevio was the first Cora native to be converted in 1962. He became a part of the family of God and recorded many messages in His dialect that are heard in many of the mountain areas. The Lord has taken him to his eternal home, but the word that he helped plant is still bringing many others into the kingdom.

Chico Hernández

Chico was converted thirty years ago in one of our youth meetings. He is now a pastor of a church that he pioneered. His outstanding instrumental and singing talents minister to many in spontaneous ways. What a grateful son.

Femita Torres

Femita was a simple mountain girl who carried a pistol as she herded her father’s cattle. After her conversion, she carried gospel tracts with her and handed them out to the people she met on the trail as she made her three-day mule trips down the mountains to purchase the family’s supplies. There are now two churches established as a result. She is one of my special sisters.

Josefina Bañuelos

Josefina is from the same mountain range but one hundred and fifty miles further south. Like Femita she is from a family that raised cattle. Along with her family, she became a Christian. She eventually studied at a Bible School in Monterrey, Mexico, and married one of the teachers. Together they moved to Dallas, Texas, and raised up a Spanish-speaking church there plus three missions near Monterey.

All of these are now my brothers and sisters, only a few of the hundreds that the Lord has given. Since each one is multiplying by sharing the gospel with others, there is no way to enumerate the fruit that the Lord has given.

But the blessings are not only in spiritual sons and daughters. God blessed us with four natural sons and daughters, sons-in-law and daughters-in-law, grandchildren and great-grandchildren. Some of them have Mexican blood flowing in their veins and each is very special to me.

Houses and Lands

The simple little house that we left in 1955 is nothing comparison to the literally hundreds that God has given me in the years since. These houses are in the Sierra Madre Mountains, in the coasts of Nayarit, in the cities of La Paz and Tepic, and in the deserts of Baja.

The Lord has provided a campground and retreat center in La Paz where we welcome the churches to come for renewal and where we continue to share the Good news of the Gospel.

Among all the houses that God has given me, he gave me a house on the farm in Oregon where I grew up. We had no retirement plan during our years in Mexico but God did. Not only did He care for us during these past fifty years, but God continues to care for me. Now I have yet another home in Virginia.

God’s blessings also include free air travel, good health. friends, relatives and other concerned individuals participate with prayer and financial contributions in the spreading of the gospel.

It is obvious that God who promised a hundred times has fulfilled it abundantly.

Thank you, Thank you. Thank you, Lord.